En los últimos días el tema Butters ha sido el centro de mis conversaciones con mi familia, amigos, en el trabajo y con el taxista que todas las mañana me lleva a la oficina y que, para mi tortura, es su fiel oyente. Los debates han sido extensos e intensos aunque no por ello irrespetuosos a diferencia de lo que pasa en las redes sociales donde los insultos, agresiones y descalificaciones vienen de uno y otro lado de manera feroz. De todas las conversaciones que he sostenido me quedo con algunas conclusiones: me sorprende cuánta gente confunde la libertad de expresión con la difamación y los agravios. Y cuántos mal entienden la tolerancia creyendo que esta nos obliga a aguantar discursos de odio, discriminación y mentiras groseras.

“Me gusta que sea irreverente, que diga lo que nadie se atreve”, me han dicho. Otros lo defienden porque los hace reír. “A veces es exagerado pero les dice corruptos a todos los sinvergüenzas y en sus caras” alegan. Pero cuando les digo que llamó cabros a los hijos de otros, o mariposón y afeminado a los que considera sus enemigos, o prostitutas a las madres de quienes discrepan de él por twitter o les dice “tráeme a tu hermana” (si dudan busquen sus tuits), ellos esbozan una sonrisa y dicen: Es su opinión. Les recuerdo entonces que acusa sin pruebas de mermeleros a periodistas a quienes en buena cuenta llama corruptos, pues en el mundo de la prensa eso significa recibir dinero o una prebenda a cambio de una nota u opinión. O miente groseramente sobre el currículo escolar, insisten en repetir que todas las opiniones se respetan.

Pero no, lo siento. Ya lo escribí antes y lo repito ahora. No todas las opiniones son ni deben ser respetadas, menos aun cuando promueven odio y discriminación. Dejemos de aceptar como normales, irreverentes, valientes y hasta jocosas las posiciones extremas y calumnias que dañan honras. Es urgente enseñar que las diferencias de opinión son necesarias e importantes en una democracia, pero las ideas se defienden con argumentos y no con insultos. Empecemos con nuestro entorno más cercano.

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