Todos podemos ayudar .

Junta lo que puedas donar. Sé generoso, piensa en el otro. Hay familias que han perdido todo, que necesitan más que tú esa lata de atún, ese papel higiénico, esas medicinas.

Si has comprado agua en cantidades industriales, guarda lo que realmente vayas a usar y entrega vida a tus compatriotas que hoy mueren de sed. Aprendamos y enseñemos a los más pequeños a compartir. Que esta desgracia nos sirva para tener generaciones más empáticas y solidarias.

Si tenemos el servicio de agua potable activo, cambiemos radicalmente nuestros hábitos. No dejemos el caño abierto, no dilapidemos el recurso que hoy no llega a peruanos en riesgo de contraer enfermedades, a niños que sufren una injusta y cruel deshidratación, a una madre que no sabe cómo hacer para calmar el llanto de su hijo.

Menos tuits, más acción.

Si no tienes dinero, no importa, siempre será valioso tu tiempo. Puedes convertirte en un heroico voluntario que cambia sudor por esperanza. Puedes ser ese hombre o esa mujer que inspira con su pasión a luchar contra la adversidad.

No difundas rumores perversos. No especules con los precios. No le robes al que duerme en la calle. No pongas más vidas en peligro. No generes división, si quieres entiende que es un momento de tregua, saca tu mejor versión. No estorbes a los policías y soldados rescatistas. No cuestiones el destino de las donaciones. No aproveches el momento para una foto indigna.

Usa la energía que gastas para pelear en redes sociales y transfórmala en poder, en fuerza valiente e indomable capaz de reconstruir nuestro país. El Perú nos necesita. A todos.

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