El impacto brutal que los fenómenos climatológicos han venido infligiendo en nuestro país ha vuelto a poner en debate si es que el Estado peruano debe continuar en la empresa de organizar los juegos Panamericanos en la ciudad de Lima en el 2019.

Muchas opiniones han llevado la discusión –sin duda válida y con buenos argumentos en ambos extremos– a un punto que considero errado: se nos está planteado la falsa dicotomía de elegir entre reconstruir las zonas afectadas u organizar los Panamericanos. Y no es cierto que debamos elegir.

No es cierto porque a diferencia de los años 83 y 98 –años en los que El Niño golpeó también– las arcas del Estado peruano están llenas de dinero. El problema no está, como muchos sugieren, en la cantidad de recursos disponibles. Está, más bien, en la capacidad de ejecución que ese presupuesto implica. Por otro lado, mucho se ha dicho que el costo de la organización de los juegos será altísimo y que no se reportará beneficio alguno. Esto no puede ser sino un análisis simplista y rupestre de la Economía.

La infraestructura deportiva permitirá transacciones que es imposible cuantificar. La promoción del deporte impactará en las futuras generaciones de una forma que hoy no conocemos. Es natural decir que quizás no sea rentable, pero eso no significa que deje de tener sentido. Finalmente: el Perú ha asumido un compromiso internacional después de ganar la plaza para Lima. El momento de discutir todo esto ya pasó. Seamos un país serio y demostrémosle al mundo que podemos con los dos frentes.

PPK debería plantearse inaugurar los Panamericanos y terminar la reconstrucción a la vez.

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